martes 6 de mayo de 2008

Añadido del 6 de mayo de 2008

LIBERATUS

La competición, que se transmitirá por televisión, ofrecía 240.000 euros en metálico para los ganadores, entre otros premios. Los jugadores eran en su mayor parte estadounidenses, aunque también había un equipo chino formado por 11 PVs, y por supuesto, Liberatus de nacionalidad desconocida. Casi un centenar de jugadores de videojuegos se encontraban en Coliseo, la web de la competición, disputando la denominada serie final. Organizada por el fabricante de microprocesadores Intel, la competición se encontraba en su fase final. Del campeonato que se estaba disputando estos días saldría el campeón mundial y los finalistas. Reconocimientos que conllevaban un total de más de 300.000 dólares en efectivo y distintos premios. La final de la Serie Mundial de Videojuegos era el evento culminante de un circuito internacional de competiciones que comenzó en las ciudades virtuales de Louisville (Kentucky, EEUU), Dallas (Texas, EEUU), Chengdu (China), Jonkoping (Suecia) y Londres (Reino Unido).

Los jugadores, se disputaban la victoria en una amplia variedad de juegos de consolas y PC.

Entre éstos, se encontraban los populares Counter Strike 1.6, Quake 6, Warcraft XIII: Frozen Throne, Halo 5, Project Gotham Racing 6, Resident Evil 7, Street Figther, Matrix, y Ghost Recon Advanced Warfighter. La serie era transmitida por varios canales de televisión por cable y de señal abierta, entre éstos la CBS, mientras que los detalles de la competición ya se podían ver en el sitio web de MTV, todos administrados por EgoTV.

Cuando Rom llegó, la final iba ser grabada por la CBS, que la transmitiría como un programa especial de una hora bajo el nombre de El dios Gosu: Campeones del mundo de los videojuegos.

Camuflado como un programa publicitario de Microsoft, Rom caminó por las calles sin que los agentes de Egópolis repararan en él. Su objetivo era contactar lo antes posible con Liberatus. Accedió fácilmente al estadio y fue conducido por uno de los porteros hacia la zona de carpas, donde cada jugador tenía su escudería. Cuando se aseguró que nadie lo veía o seguía, caminó con toda la naturalidad que pudo hacia su objetivo.

La tienda del campeón destacaba por encima de las demás, blanca y ornamentada con lanzas de oro, erigía con notoriedad el asta de la bandera blanca con un símbolo muy peculiar en el centro. Un círculo con cuatro líneas en su interior, una en la parte superior y tres en la inferior en forma de huella de ave, dentro, una paloma blanca, con una rama de olivo en el pico, unas cadenas rotas y una balanza. Aquella bandera representaba la paz, la libertad y la justicia. Rom se sintió seguro por primera vez desde su entrada en Egópolis.

Caminó hacia la entrada, había un anciano limpiando una armadura plateada, en el fondo de la tienda un hombre parecía tomarse una siesta. El viejo echó una calada, tenía aspecto de mecánico, sucio y en traje de mono azul marino.

- ¿Qué deseas muchacho? - inquirió Joe Martin mirándolo de reojo -. Ah ya veo, vienes para ofrecernos otro contrato de publicidad, ya te hemos dicho que no queremos tratos con la tiránica Egópolis.

- Código 2309FGY577.

El entrenador dejó de fumar. El hombre tendido se alzó de su cama, levitando. Tenía el aspecto de un hombre de treinta años, alto, atlético, rostro afilado, cabello largo y albino. Sus ropas también eran blancas. Aterrizó suavemente frente a Rom.

- ¿Porqué mencionas un código secreto de Padre?

- Soy su hijo - anunció Rom, y cambió su aspecto a caballero de Utopía -. Vengo a ti en las peores horas de mi reino, tras la muerte de mi padre y solicito audiencia.

- ¿Padre, muerto? - dijo Joe sorprendido.

- Hace unos meses, asesinado por un agente del sistema, sus huellas borradas de este mundo, creo que para siempre.

- Por eso no podíamos contactar con él, los rumores eran ciertos señor.

- Eso lo explica todo - secundó Liberatus, miró de nuevo a Rom -. ¿Y Utopía? ¿a caído también? ¿son ciertos los rumores?

- Ciertos, ya sólo queda un espacio vacío donde antes se erigía el principio de un sueño. Fui nombrado heredero al trono por los caballeros de Utopía, los Open Sources. Ellos han ido en busca de aliados, yo les prometí un líder para nuestro futuro ejército.

- ¿Guerra? Eso es una locura, nadie puede discutir la hegemonía de Egópolis - advirtió Joe -. Os aplastarán como a cucarachas.

- ¿Con cuántos efectivos cuentas?

- Cuatro fieles caballeros a los que envié en busca de ayuda por los confines del sistema.

Pasaron varias horas mientras Rom les ponía al corriente de todo, actualizando sus ficheros. Joe, el programa de entrenamiento, se oponía con lógica a que su señor se embarcara en tan descabellada empresa. Pero al conocer la muerte de Padre, su mejor amigo en la red, un mentor, el discípulo ya había tomado la decisión.

- Iremos a la guerra.

- ¡Por el gran chip! Use la lógica señor.

- Basta Joe, entrenarás al joven rey en las mejores artes de la guerra, mientras, yo terminaré la competición, no debemos levantar sospechas. Esperaremos noticias de los Open Saurces, y al mismo tiempo buscaremos aliados y planes de guerra por nuestra cuenta.

- De acuerdo señor, si eso es lo que deseáis, fui programado para servirte y eso haré.

- Pero antes haremos una copia de seguridad de ti Rom, si algo te pasara el código de Padre se perdería para siempre, y con ello toda esperanza de libertad y justicia en el sistema. Tendremos que buscar a un nuevo creador, yo puedo dirigir tus ejércitos, puedo ser el guerrero que necesitas, pero soy un programador limitado, mis conocimientos informáticos no van más allá de mis funciones de gosu. Pero creo que habrá un candidato, una mujer.

- ¿Una mujer? ¿de quién se trata? - preguntó Rom.

- Es la hija de un viejo luchador contra el sistema, ella será nuestra diosa benefactora, estoy seguro de que se unirá a nuestra causa.

- ¿Cómo lo sabes?

- Somos amigos, y odia al sistema, por los años de cautiverio que tuvo que pasar su padre, Kevin Mitnick.

- ¡La hija del legendario El Cóndor! - exclamó Joe.

- ¿Quién es Kevin Mitnick?

- Ah pequeño rey - dijo Joe entre risas -. Veo que aun estás muy verde en historia virtual. El Cóndor fue y es el mejor cracker o Phreaker de todos los tiempos, desde la década de los ochenta, fue una persona normal, que el tiempo y sus hazañas han ido convirtiendo en leyenda, siendo admirado por todos los rebeldes al frente de un teclado.

- ¿Podría unirse a nosotros? - preguntó Rom ilusionado.

- Me temo que no - respondió Liberatus -. Fue castigado numerosas veces por el gobierno, a sus cuarenta años ha cumplido muchas penas, ahora trabaja para Egópolis, por obligación, su empresa Defensive Thinking está absorbida por el sistema central. Pero en el fondo sigue simpatizando con los opositores al imperio, y aunque tiene las manos atadas, no reprende a su hija cuando esta lleva acciones destructivas contra la capital.

- Pues bien señor, mientras usted salva la existencia de nuestro rey, prepararé la armadura para la gran final … y para su futuro haciéndose el Ernesto Guevara - concluyó Joe.

VENDETTA

La gran final estaba a 14 horas de disputarse. Como no, Liberatus era uno de los dos finalistas, y el máximo candidato a revalidar el título por sexto año consecutivo. Habían decidido que Rom permanecería oculto en la tienda, mientras Joe prepararía las armas del gran gosu y éste, al ser un PV, una persona que entraba en la red desde el mundo exterior, no dejaba de ser humano, y tenía que descansar. Los programas en esto superaban a los PV, no tenían límites en el mundo virtual, no se cansaban, no como los humanos, perdían energía pero no necesitaban dormir ni comer, no envejecían en su aspecto ni sufrían deterioro en circunstancias normales. Digamos que sólo podían dejar de existir si eran borrados, pero los humanos no podían pasar más de seis horas continuas en la red, sus físicos se resentían, tenían que dormir, comer, realizar todas sus necesidades y procurar llevar una viada social fuera de la red. No eran pocos los casos de PV muertos o afectados por exceso de realidad virtual o demasiadas horas conectados.

Esto hacía que Liberatus tuviera mayor reconocimiento en sus victorias épicas, muchas veces se las veía con programas que siempre gozaban de su estado físico idóneo, mientras que el campeón después de un desgate intenso en semifinales, no tenía apenas tiempo para descansar.

Hoy gozaría de varias horas, casi toda una noche del mundo real. No obstante, algo alteró los planes cuando uno de los robots buscadores del sistema, detectó la presencia del código malicioso de Padre, en el programa Rom.

Las alarmas se activaron por todo el recinto, los agentes de seguridad cerraron puertas y accesos del Coliseo. Un batallón de antivirus kaperkys empezó registrar tienda por tienda.

- ¡Rápido a las armas señor! - rugió Joe y le ofreció la espada a su señor -. Parece que tendremos que empezar la guerra aquí mismo y ahora.

Liberatus desenfundó la espada dando giros con maestría.

- ¡No! - gritó Rom alzando la mano -. Guarda la espada.

- ¿Pero qué dice? Le apresarán, lo mandarán directo a la papelera.

- No debemos arriesgarnos, tenéis que acabar el torneo, no levantar sospechas. Si empezamos aquí la guerra perderemos el factor sorpresa y a Liberatus lo expulsarán de Egópolis, perderíamos nuestra mejor arma en territorio enemigo.

- ¿Pues que hacemos? - inquirió Liberatus mirando entre las cortinas -, están a punto de entrar.

Hubo un corto silencio.

- Tienes que matarme - ordenó Rom.

- ¿Cómo?

- Destrúyeme, bórrame, no importa, has guardado una copia de mi, luego podéis actualizarla.

- ¿Estás seguro? No debe ser agradable morir para un programa.

- Me matarán de todas formas, pero si lo haces tú servirá para mantener la esperanza viva, y además prefiero que me borre un amigo que no el odioso sistema.

Liberatus asintió con la cabeza. Rom le devolvió el gesto.

En menos de un segundo, el filo cruzó el aire. La cabeza de Rom cayó al suelo, seguida al poco por el cuerpo sin vida. Rom sintió el apagón interior, el cese de su código binario, como se desvanecía, dejaba de existir, moría. Percibió señales que pretendían interpretar dolor y tristeza. Confusas, incomprensibles, intensas. Al momento los restos del rey desaparecieron del suelo.

Los soldados entraron en tromba en la tienda. Apuntaron con sus armas a los dos habitantes. Uno de ellos tendido en el suelo, con una herida sangrante en la nariz, el otro, albino, intentando curarlo. Giró su cabeza.

- ¿Qué nivel se seguridad tenéis aquí? un malware acaba de robarme unas cuantas armas y ha estropeado los ficheros de mi entrenador, salió huyendo por una puerta trasera, justo cuando intento descansar para disputar el título más importante de mi historia, voy a presentar una queja al director del evento.

- Lo sentimos gran gosu, no volverá a ocurrir, redoblaremos la guardia - respondió un soldado kapersky.

Los soldados se marcharon.

- Siento haberte golpeado, Joe amigo.

- No importa, sarna con gusto no pica, ahora vaya a descansar, le espera la gran final - concluyó Joe taponándose la hemorragia.

Mundo real.

Daniel Eduardo se desconectó de la red. Estaba entumecido, al menos de cintura para arriba. Las últimas horas habían sido estresantes, semifinales y encuentro con Rom. Movió las ruedas de su silla hasta aproximarse a la cama. Su hermano mayor, de quince años, lo vio desde el pasillo y entró para ayudarlo.

- ¿Cómo estás campeón?

- Cansado.

- ¿Qué hacías tanto rato conectado? - inquirió César mientras lo arropaba -, terminaste las semifinales hace dos horas.

- Estaba estudiando el historial del rival, preparando un poco la final.

- Tranquilo hombre, ese Blaster es un payaso, un engreído, ganó a Gwen19 de chiripa en el último segundo, además ella estaba cansada.

- ¿Qué nombre has dicho?

- Blaster, porqué ¿lo conoces?

Dani se quedó en silencio.

- ¿Pero no has estado estudiando al rival?

- Si, pero miré sus combates, no presté atención al nombre - dijo Dani intentando disimular.

- Bueno dicen que es el mismísimo hijo del presidente de Macrosoft, el dueño de Egópolis, vamos, el dueño del mundo - dijo César con chanza -. Ve con cuidado hermano, dicen que es un híbrido entre la PV de Damian Blasingame junior y un nuevo programa llamado Blaster, como el terrible virus del nuevo milenio. Esto debería estar prohibido, están haciendo trampas, manipulando la competición, pero ellos mandan.

- Ya sabes que no les servirá de nada - dijo Dani con una sonrisa y puso el puño de frente para que lo golpeara su hermano.

César dio la buenas noches y se marchó cerrando la puerta de la habitación. El niño parapléjico de catorce años quedó sumido en sus últimos acontecimientos. La presión no podía ser mayor, se jugaba el título y un dinero para su rehabilitación, había decidido ponerse al servicio de la revolución como general en una posible guerra contra un sistema que gobernaba su mundo real, y encima se las vería con el hijo del tirano del mundo en un campo de batalla bajo las leyes del sistema totalitario.

Suspiró, e hizo lo único que podía hacer.

Dormir.

A la mañana siguiente, Dani hizo todo lo que solía hacer cada día. Ducharse con la ayuda de su madre, bajar en ascensor hasta el salón, para circular esquivando los juguetes del perro Manchas hasta llegar a la cocina. Desayunar Golden Grahams en un gran tazón y volver lo más rápido posible a su habitación. Pero cuando cruzaba el salón, escuchó el timbre de la entrada.

Cuando César abrió la puerta, un grupo de periodistas, amigos y familiares entraron como un batallón en el salón. Venían a ver el gran acontecimiento social. La final del torneo ya superaba en audiencia a los eventos como las súper World o los playoff de la NBA. Saludaron, animaron y preguntaron a Dani unos minutos antes de que César lo acompañara a su habitación. Todos se congregaron frente al televisor panorámico de la gran sala y esperaron impacientes.

Dani se ajustó las gafas de realidad virtual y los guantes. Eran de la marca Virtual Visión 20.0, de la gama más alta, realidad total. La aparición de nuevas tecnologías de miniaturiza-ción y la presencia de novedosos dispositivos actualizándose cada año, permitía estos viajes por la red. Hace tan sólo unos años, encontrar un set de gafas tipo "realidad virtual" a un precio asequible era una utopía, dado que difícilmente bajaban de los 300000 euros. Sin embargo, Rimax ofrecía a Dani ahora, la posibilidad de aislarse de su entorno y disfrutar de películas, juegos y realidades en 3D por algo más de 130 euros.
Quizás la idea de situar unas pantallas cerca de los ojos del niño no tenía un atractivo que se pudiera apreciar a primera vista, y Dani se veía poco estético, pero cuando las probó la concepción cambió radicalmente.
Cuando intentaba utilizar un dispositivo portátil para ver películas, ya sea un DVD con pantalla TFT o un ordenador minúsculo, podía encontrar que el entorno no era el más adecuado para meterse de lleno en el título que estaba visionando. Demasiada luz ambiente, ruidos, o incluso no tener un sitio para apoyar correctamente el dispositivo podía hacer que encontrase más inconvenientes que ventajas.

Pero ahora el mundo exterior desaparecía.
En este tipo de situaciones es cuando las gafas de realidad virtual brillaban con luz propia. Dani sólo tenía que enchufarlas a una fuente de alimentación, aunque viniera con un transformador, podía conectarlas al encendedor del coche con un cable comprado en cualquier ferretería, dado que admitían un gran rango de voltajes, conectar una fuente de internet, y colocárselas en la cabeza.
Con las gafas puestas, los guantes ajustados, los auriculares incorporados y los sensores, su habitación se desvanecía y podía centrarse en el visionado de la película, en su juego favorito, en el programa de televisión que quisiera ver o la web o mundo que deseara visitar. Así él como cualquier otro usuario, se transformaba en un PV, en una personalidad virtual. No obstante la conexión era un robo legalizado, 120 euros al mes era un saqueo que los gobiernos permitían sin oposición al gobierno virtual, ya que en realidad sólo eran títeres de la tiránica Egópolis.
Con sus gafas de 800 millones x 225 millones de píxeles de resolución, y el control manual de las distintas opciones, las hacían perfectas. Un dispositivo increíble. La sensación de inmersión era total en primera persona. Al usarlas en el juego de coches Out Run 6, Dani se encontraba moviendo el cuerpo para evitar a un coche que se le venía encima, y siguiendo la carretera con la cabeza. ¡Increíble! Estaba mentalmente metido de lleno en un nuevo mundo, su cuerpo ahora no estaba formado por células, pero era igual de real como lo es un código binario.

La RV era un sistema o interfaz informático que generaba entornos sintéticos en tiempo real, una representación de las cosas a través de medios electrónicos o imágenes de la realidad, una realidad ilusoria, pues se trataba de una realidad perceptiva sin soporte objetivo, ya que existía sólo dentro de los ordenadores. Por eso podía afirmarse que la realidad virtual era una seudo realidad alternativa, perceptivamente hablando.

La virtualidad establecía una nueva forma de relación entre el uso de las coordenadas de espacio y de tiempo, superaba las barreras espaciotemporales y configuraba un entorno en el que la información y la comunicación, se le mostraban a Dani accesibles desde perspectivas hasta hace años desconocidas, al menos en cuanto a su volumen y posibilidades. Podía reunirse con su amiga Berenice en un salón y mantener una charla, estando los dos separados por el mar atlántico, por miles de kilómetros ya que Berenice vivía en Barcelona, España, y él residía en Chile.

La realidad virtual podía ser de dos tipos: inmersiva y no inmersiva. Los métodos inmersivos de realidad virtual con frecuencia se ligaban a un ambiente tridimensional creado por un ordenador, el cual se manipulaba a través de cascos, guantes y otros dispositivos que capturaban la posición y rotación de diferentes partes del cuerpo de Dani. La realidad virtual no inmersiva también utilizaba el ordenador y se valía de medios como el que antaño le ofrecía internet, en el cual podía interactuar en tiempo real con diferentes personas en espacios y ambientes que en realidad no existían sin la necesidad de dispositivos adicionales al ordenador. Simplemente veía mensajes de texto y la foto del rostro de Berenice, ahora, podía ver a Berenice en carne y huesos digitales, y ser visto también.

Internet ya era una palabra anticuada en sí misma, más bien debía llamarse al sistema informático globalizado, macrored, ya que todas las máquinas digitales estaban conectadas entre si. Podías recibir un correo electrónico, en el ordenador, móvil, televisor, nevera o lavabo.

Al entrar en internet, el cambio de escenario fue instantáneo. En el 2012 los avances tecnológicos en el ámbito doméstico permitían a los usuarios de internet navegar en primera persona por toda la red. Convirtiéndose en PVs, siendo los habitantes de este universo como lo eran los programas, aunque los programas fueran seres de origen no humano. También tenían sus derechos, y estaban bajo el dominio de Egópolis. La sensación de realidad era absoluta, el gráfico era de un realismo asombroso. Los sensores de las gafas actuaban sobre el sistema neuronal del usuario, el cual podía percibir, olores, tacto, gusto, sonidos y por supuesto imágenes increíbles de una realidad alternativa, creada artificialmente por los programadores. La seguridad de los viajes evitaba cualquier daño físico, así como las censuras gubernamentales que evitaban accesos a ventanas ilegales o realidades prohibidas. Era imposible percibir el dolor, además de ser ilegal e inmoral, sólo los clandestinos o piratas de la red ofrecían sensaciones físicas reales, por un alto precio, y no sólo de dinero. Ya era una leyenda urbana la de usuarios que habían muerto al tener un uso arriesgado de la RV, por ello los gobiernos habían creado una policía especial, una versión digital de la interpol, la internetpol .

La seguridad y el comercio dictatorial era lo principal en este nuevo mundo, pero más allá del misticismo y los problemas ilegales o inmorales, la red no gozaba de buena salud y se encontraba en su apogeo despótico. La comunicación había sufrido la censura social, todo estaba controlado por Egópolis, la medicina, la política, la sociedad, el mundo real de los humanos, controlado por una minoría de adinerados que dirigían al resto de congéneres desde sus sillones virtuales. La mayoría de páginas eran lugares con el sello de Egópolis, un puño que se alzaba entre los edificios, reflejando la supremacía de la fuerza y el poder. La web preferida de Dani era en realidad una gran ciudad para el ocio llena de amigos. Tenía un coste encarecido por la falta de competencia, y casi todos los usuarios ociosos visitaban obligadamente Egópolis, o cualquier usuario por motivos laborables. Todo empezaba y terminaba en Egópolis.

Dani se transformó automáticamente en Liberatus. De niño lisiado a guerrero imponente. Su transformación no sólo era física, también mental, espiritual. Sentía su personalidad virtual, actuaba como él, pensaba como él. Tranquilo, seguro, sin temor. Se sentía como un dios.

Al llegar a la tienda, Joe lo estaba esperando con su armadura lista. Las armas encima de la mesa, y su enigmático cinturón del poder. Este objeto era los más preciado por Liberatus, un gran secreto para todos los demás, regalo del mismo creador. Padre fue su entrenador, su mentor, su verdadero padre virtual. El creador fue quien lo encontró, en una parrilla de juegos, andaba buscando personas generosas para la causa, aliados que detestaran la tiranía y la falta de justicia y de libertad.

Durante años Padre entrenó a varios jugadores y programadores, al final se decantó por Liberatus como campeón para la causa. Padre le enseñó todo lo que tiene que ser un líder, un campeón, tanto en el apartado marcial como en el lado espiritual. Cuando estuvo preparado para iniciar su etapa, Padre le otorgó un regalo especial, el cinturón del poder, o más bien dicho de los poderes. El cinto atado a la cintura era en realidad un programa único en el mundo, capaz de otorgar habilidades extraordinarias a su portador, y aumentado por la imaginación de Liberatus, el arma más poderosa de un niño, su fantasía.

- Gracias Joe, llegó la hora, vayamos a hacer historia.

Un cordón de agentes de seguridad escoltó al campeón hasta el centro de la plaza del coliseo. Las gradas estaban abarrotadas y se diría que Liberatus jugaba en casa, era un modo que tenían los usuarios y aficionados para mostrar su descontento contra el sistema. Los finalistas rivales, exceptuando una sola vez, siempre fueron PVs leales al régimen y despertaban la antipatía de las gradas y medio mundo. También muchos programas esclavos, imposibilitados para la opinión ya que ésta estaba prohibida en sus códigos, sentían aprecio por aquel símbolo de libertad que representaba el campeón. Liberatus era el nombre con el que había sido bautizado por Padre, era el nombre que recibían los antiguos gladiadores de Roma cuando conseguían eliminar a todos sus rivales y alcanzar la libertad, el final de la esclavitud.

Otra comitiva de seguridad acompañó en su entrada al rival, anunciado como Blaster. Su aspecto era tétrico, encerrado en una armadura con harapos colgando, ojos romboides de color láser rojo. Era alto, fuerte y portaba en sus robustas manos un hacha descomunal de doble filo. Llegó entre abucheos al centro de la arena y se quedó mirando fijamente hacia su oponente.

Liberatus acarició su cinturón, tenso, concentrado en emplear todas sus fuerzas, no buscaba la victoria, ese era un pensamiento erróneo que su maestro había suprimido de su mente. La presión era innecesaria, al igual que la victoria o la conquista del título, lo importante era luchar. Luchar sin parar, darlo todo, procurar no cometer errores y si como consecuencia de sus actos llegaba la victoria, mejor, sino, daba igual. Liberatus tenía siempre un miedo terrible, no a la derrota, si no a no dar todo lo que uno mismo podía dar, tenía miedo de derrotarse así mismo, en todo caso. Ese miedo despertaba las ganas de enfrentarse así mismo. Liberatus siempre luchaba contra Liberatus. El oponente también mantendría esa lucha interior sin saberlo, al final, el que saliera mejor parado de su conflicto interior, tenía más posibilidades de salir victorioso, o simplemente, como diría Padre, de hacer las cosas lo mejor posible. Era el único objetivo alcanzable. Lo demás era egoísmo, vanidad, por eso Liberatus no sentía ningún miedo a ser derrotado por otro oponente. Ni le daba al trofeo mayor importancia de ser una mera estadística. Hacía varios años que no perdía, desde sus comienzos como luchador novel. Padre dijo que el cinturón tenía una energía especial que respondía al lado positivo del portador. Esto, los conocimientos informáticos de Padre y la imaginación de Liberatus, lo hacían ser el actual campeón del mundo.

Un texto en tres dimensiones apareció en mitad del cielo: FINAL DEL CAMPEONATO MUNDIAL DE GOSUS. LIBERATUS vs BLASTER. Tres toques de campana dieron el aviso para empezar el combate.

Blaster embistió como una fiera que se hubiera soltado de sus cadenas. Levantó el hacha por encima de la cabeza y asestó un golpe brutal. Sin desenfundar su espada, Liberatus cruzó los antebrazos y formó una X que paró el filo al momento. Giró sobre si mismo y esquivó al arma y al agresor. Éste cargó de nuevo con un tajo circular a la altura de la cintura. Nuevamente su golpe fue evitado con un salto ágil que acabó con Liberatus a la espalda de un desconcertado Blaster. Los hachazos se sucedieron sin cesar, mientras la habilidad de esquivar golpes los dejaban sin probar sangre.

El campeón decidió pasar al ataque, desenfundó su espada y arremetió contra la coraza. Parecía un oponente torpe y bruto, pero Blaster consiguió parar la mitad de los golpes, pocos conseguían tanto éxito. No obstante los daños fueron notorios y la barra de energía verde de Blaster bajó de 100 a 92. Una vez se llegaba a 0, se perdía el combate, en el caso de los programas, la vida.

- No creas que esto te resultará tan fácil - anunció Blaster blandiendo el hacha con voz ronca y robótica -, tenemos una sorpresita para ti.

- ¿Tenemos? ¿Eres más de uno? - inquirió Liberatus sabiendo la respuesta, y sorprendido, ya que casi nunca se hablaba en un combate -, da la cara, di quien eres, ¿el hijo del tirano o ese programa asesino? No contestes, ya lo sé, dos cobardes dentro de una misma hojalata.

Blaster no pareció afectado por los insultos, y arremetió con las mismas ganas, sin excederse. No obtuvo nada y recibió otra lluvia de sablazos. 83 puntos de vida le quedaban. Disparó una bola de fuego para separase de Liberatus. Convirtió su hacha en maza y pegó un golpe brutal contra el suelo. La tierra se abrió ante el asombro de todos. Los dos oponentes cayeron al vacío. Liberatus se repuso de la sorpresa. Flotó en el aire mientras descendía, levitando bajo su control. Blaster caía como un plomo. Era habitual cambiar el decorado del combate, pero no que lo hiciera uno de los oponentes.

Aparecieron en una superficie algo estrecha, se movía. El campeón se tambaleó un instante al aterrizar. Miró a ambos lados del tejado. Se veía un abismo inmenso, en el fondo a cientos de metros, el suelo. Estaban en un tren de alta velocidad que cruzaba un puente eterno. Blaster imantó sus botas, y quedó bien asido, en cambio, Liberatus tenía dificultades para mirar al frente con el viento que le golpeaba en los ojos. Era una adulteración de la competición absoluta, aberrante, insultante. Pero nadie presentaría una queja.

Blaster atacó sin piedad, sus golpes seguían sin causar daños, pero cada vez eran más certeros. Transformó la maza en ballesta y disparó un flecha contra el brazo izquierdo de Liberatus. La saeta alcanzó el objetivo, el contador del guerrero albino pasó de 100 a 90. Para empeorar las cosas, Blaster empezó a copiarse así mismo. Surgieron tres oponentes más, rodearon al enemigo, incluso caminando por los laterales del tren. Sus botas imantadas les permitían cualquier tipo de andadura por la superficie metálica. Una vez colocados atacaron al momento. Apenas podía rechazar un golpe cuando ya llegaban tres mas. Los movimientos se hicieron tan rápidos y frenéticos que los espectadores apenas podían seguir el combate. Liberatus estaba recibiendo una auténtica paliza, su contador descendía a una velocidad nunca vista. El campeón estaba tranquilo, aunque la indignación iba por dentro. Intentó saltar para evitar el acorralamiento, pero los golpes y agarrones no lo dejaron despegar. Decidió sacar su escudo espartano, mientras pensaba un plan alternativo. Su mirada quedó fija en el par de botas metálicas de uno de los clones pegadas al techo del tren. Si quería saltar lejos de aquel asedio letal, tenía que eliminar al menos a uno de ellos. Con un hábil movimiento de espada, cortó la parte de tejado que quedaba cerca de ese par de botas. La plancha se dobló hacia atrás, derribando al enemigo. Liberatus volvió a tajar la parte que quedaba unida al tren. El clon salió volando con ese pedazo de techo pegado a sus pies. El campeón huyó por la brecha del cerco y saltó varios metros lejos de sus enemigos. Se giró y encaró a unos enfurecidos Blasters. Los dos primeros llegaron con furia, sus movimientos eran previsibles y el maestro supremo de lucha los derribó fácilmente. Ambos cuerpos metálicos cayeron en el abismo hasta convertirse en puntos lejanos.

Blaster rugió. Empezó a clonarse de nuevo, pero esta vez sus clones se copiaban también. Su número empezaba a ser abrumador mientras ocupaban cada ve más el tejado del tren. A Liberatus no le quedó más remedio que retroceder. Su contador bajó a 55, y seguía cayéndole una catarata de enemigos. Estaba a dos metros del último vagón. Su espada se quebró, su escudo sufría múltiples cortes. Decidió que era hora de usar el cinturón. Ante el asombro de

todos, se lanzó al vacío. Mientras caía tocó la hebilla del cinturón, concentró su mente cerrando los ojos. Pensó en sus personajes preferidos, héroes, guerreros, superhéroes.

Al momento Liberatus se transformó. Su armadura plateada y su pelo blanco se volvieron rojo y azul, capa de vuelo músculos de acero. Transmutado en Superman voló como un misil hasta alcanzar de lleno la masa de enemigos. El impacto y el láser de su mirada destruyó a un tercio de sus oponentes. Aterrizó en el tren y sufrió otra mutación a deseo. Hulk arremetió con puñetazos terribles haciendo volar por los aires pedazos de armaduras. Un clon intentó dispararle una lanza, Hulk se transformó en Batman, que ágilmente esquivo el arma y propinó una patada que precipitó al enemigo. Acto seguido, Batman se transformó en Boba Fet, el cazarecompensas, voló y soltó una llamarada que calcinó a cinco enemigos más. Al aterrizar el personaje de Starwars se transformó en Indiana Jones. Con un latigazo agarró el pie de un clon y lo mandó al abismo. El transformismo continuó con el personaje más idóneo para cada situación. Los clones fueron exterminados, 79 de los ochenta.

El Blaster original estaba aturdido. Pero tenía un 82 a 35 en puntos de vida, a su favor, y aun le quedaba una última sorpresa. Volvió a golpear el techo. Activó otro programa. En el costado izquierdo del puente, aparecieron unas grúas inmensas que oscilaban péndulos de la muerte muy afilados. Las gigantescas cuchillas cortaban el aire a medida que pasaba el tren, sin causarle daños. Pero Liberatus sabía que esas cuchillas le restarían puntos si le alcanzaban. Atacó a Blaster convertido en maestro Jedi, trazando golpes mortales con la espada láser. Causó importantes daños a Blaster, y le obligó a retroceder contra una cuchilla que venía desde lejos. El péndulo atravesó a Blaster y este quedó un instante paralizado, mirando su cuerpo como era atravesado por la navaja gigante. Pero su contador de energía no se movió. Era inmune a su trampa. Esa misma cuchilla alcanzó a Liberatus y le restó 25 puntos. Otra segunda estaba a punto de alcanzarlo, se transformó en el Capitán América y detuvo la hoja con el escudo inquebrantable de adamantium. Blaster aprovechó para atacar, soltó un hachazo tremendo contra el escudo. Liberatus adquirió otro aspecto. Bruce Lee saltó por encima de Blaster y le golpeó en la espalda. Antes de que pudiera girarse, Liberatus adquirió su aspecto normal, desenfundó la espada y la clavó en el corazón de Blaster. El contador llegó a 0.

El combate había terminado y ambos luchadores reaparecieron en la arena del coliseo. Blaster se desvaneció, en su lugar apareció un trofeo. Liberatus lo alzó y el delirio se formó en las gradas.

LA BÚSQUEDA

Los Open Sources habían dejado de enviar correos, unos más tarde que otros, pero una semana después ningún email llegaba desde sus cuentas. Los planes de Rom habían congregado a un concilio secreto en un ciberlugar de la red alejado de la vigilancia del sistema. En la sala de reuniones se encontraron el programa Rom rey de Utopía y el hijo de Padre, y los PV Liberatus el gran gosu, Génesis la hija programadora de Mitnick, y sus nuevos aliados PV, el rey de los piratas, el capitán McKinnon y su mujer Mary Read, el jefe del Caos Computer Club ( CCC ) el general Misterio, de identidad desconocida, lideraba una prestigiosa organización alemana que abogaba por la privacidad, la información y el software libre, estando en contra de la censura y el control de Egópolis.

- Tenemos que refundar Utopía, pero antes de reconstruir debemos fortificar, diseñar una defensa contra los ataques inevitables de Egópolis - explicó Rom desde el sillón presidencial -. Una vez protegidos la ciudad podrá crecer y darnos a conocer, la mayoría de usuarios se abonarían a este nuevo sistema más generoso y económico, y esto provocaría el fin de la tiranía.

- Suena muy bonito pero ¿cómo lo hacemos? - preguntó Misterio.

- Organizándonos, desde luego, trabajando todos juntos. Debemos terminar con las guerrillas interiores, actuar como una sola organización dirigida desde este consejo.

- Es imposible evitar las disidencias entre el gremio pirata, precisamente nuestro comportamiento se basa en la anarquía.

- Capitán McKinnon, tampoco necesitamos a todos los piratas de la red, sólo a los que le sean leales, se que goza de respeto y buenas alianzas con muchos de ellos.

- Digamos que nos ponemos de acuerdo, que empezamos el proyecto Utopía - intervino Stallman -, Egópolis tiene mucho poder, no se quedarán quietos ante una amenaza seria, y no creo que nuestras defensas aguantaran una larga campaña.

- Es cierto presidente, por eso al mismo tiempo que construimos y nos defendemos, crearemos un comando especial que atacará al sistema desde su interior.

- ¿Y quién lo formará? Desde luego sería una empresa arriesgada, probablemente los programas serían borrados y los PV encarcelados en la realidad.

- Sí, todo son riesgos en la guerra contra la tiranía, pero mi código está bien definido, por eso me ofrezco como miembro del comando.

- Pero el rey no puede arriesgar su existencia - protestó Génesis.

- Por eso te encargo una copia de mi, esta se quedará con vosotros y dirigirá el crecimiento de Utopía.

Génesis asintió con la cabeza.

- Yo te acompañaré, me gustaría ser tu guardaespaldas, además hasta que Utopía no tenga un ejército y una plaza que defender en labores de construcción no estoy muy puesto.

- Bien, ya somos dos Liberatus - aprobó Rom.

- Contar conmigo y con mis programas maliciosos maestros, Caballo de Troya, Camaleón, Bombardero, Reproductor y Molde Maestro Virus, iremos gustosos con vosotros - intervino Mary Read -, además mi galeón Caronte es el navío más rápido de toda la red.

- Me parece bien cariño, yo de mientras prepararé una flota pirata como no se ha visto nunca, y junto a mi colega el general Misterio podemos acosar sin descanso al sistema para distraer su atención hacia Utopía.

El general Misterio asintió con la cabeza, vestido como un espía con un pasamontañas negro en la cabeza.

- Presidente Stallman, usted junto con Génesis, se encargará de construir Utopía y levantar sus defensas.

- Perfecto.

- Yo por mi parte quiero contribuir al comando en su arriesgada misión y ofrecer un programa especial que os será de bastante ayuda - dijo Génesis sacando de su mochila un pequeño robot de formas segmentadas -. Este es el programa RTM, el Gusano Morris, creado por Robert Tapam Morris en 1988, se dice que es el primer programa gusano de la historia. A evolucionado en mi laboratorio mejorando sus habilidades. Y también a mi amiga EGABTR, el primer virus de la historia, que atacó las computadoras IBM el 12 de octubre de 1985, yo la llamo simplemente Ega - presentó Génesis al sacar una segunda figura, una mujer con aspecto de hada de los cuentos de los hermanos Green que fue aumentando de tamaño hasta alcanzar una estatura normal -. Creo que serán una buena ayuda.

Así se creo el CETEX, comando de ejecución en territorio enemigo indeterminado, formado por Rom, Liberatus, Mary Read, Caballo de Troya, Camaleón, Bombardero, Reproductor, Molde Maestro Virus, Gusano Morris y Ega. Los diez miembros, dos PVs y ocho programas, embarcaron en el Caronte y se dirigieron hacia su primera misión: la búsqueda de los desaparecidos caballeros de Utopía.

LA BÓVEDA DE ANGOLA

Navegando por el sistema de alcantarillado, el Caronte, que era una mezcla de galeón pirata y submarino, conseguía abrirse paso por las sucias aguas del sistema. Era una vía menos vigilada por los destructores, naves de superficie que interceptaban cualquier intruso. En la primera oportunidad, la nave emergió en un puerto abandonado. Era más bien una cisterna medio vacía que daba acceso corsario. La capitana Read, experta en intrusión y espionaje accedió a un buscador llamado Topo, muy usado por los piratas. Introdujo las palabras clave “ Gailen Yorsh Darknight Wachoneim programa ilegal cuarentena”. Seguramente las desapariciones eran debidas a los arrestos por parte de los agentes, si no encontraban nada, la cosa podía ser más grave.

Al cabo de 20 minutos Read regresó al navío con la información.

- ¿Y bien? - preguntó Rom.

- Sólo tengo información de Gailen. Fue capturado hace dos semanas y llevado a la Bóveda de Angola.

- La Bóveda, la prisión de máxima seguridad de Egópolis - anunció Camaleón -, pocos programas consiguen entrar, y aún menos salir. Sus claves varían cada cinco minutos, y el único acceso al interior se produce una vez cada veinticuatro horas, durante 60 segundos. La computadora está el resto del tiempo desconectada de la red, aislada, rodeada por un abismo digital infranqueable, y tiene energía propia para aguantar apagones o cercos indefinidos.

- Allí Egópolis guarda a todos los prisioneros y enemigos que no ha podido o no ha querido destruir - continuó Read sirviéndose vino en una copa de plata -. Es el gran museo de los programas maliciosos y el cautiverio eterno de los opositores al régimen. El alcaide es un programa terrible llamado Drumgoole, es autónomo, y dicen que está por encima de sus propios programadores y del presidente. Es insobornable, imborrable y es un dios dentro de su ordenador prisión.

- Como dicen los crakers, “no hay nada que no se pueda crakear” - intervino Liberatus -, no necesitamos enfrentarnos al alcaide, sólo entrar y llevarnos un fichero.

- Pues necesitamos dos cosas, saber donde está y conseguir las claves para poder movernos libremente en el interior de la prisión - apuntó Read.

- Yo puedo entrar y encontrar al programa Gailen, pero no puedo sacarlo.

- Bien Gusano, entrarás el primero - decidió Rom -, Liberatus podría crear una distracción, mientras los demás rescatamos a Gailen.

- Sí, pero para movernos necesitamos los códigos secretos - advirtió Read -, y sólo los programadores ingenieros que diseñaron y mantienen la Bóveda tienen esa información.

- Pues tendremos que entrar en una de sus computadoras y robar las claves - concluyó Rom.

De los cincuenta candidatos activos, eligieron al más débil por sus vicios. Donatien Sade era el nick de este cibersexoadicto que trabajaba para Egópolis. El constante bombardeo de emails procedentes de páginas pornográficas eran el acceso ideal para que Caballo de Troya entrara en su computadora, transformado en un fichero fotográfico de una estrella del porno. En cuanto Sade ejecutó el archivo CT, éste liberó a Camaleón que entró rápidamente en el sistema.

Camaleón, un hombre alto con cabeza de reptil empezó a caminar por el pasillo principal del PC. Era un pasillo con varias puertas, en cada una el letrero indicaba un destino. Entró en una habitación en cuya puerta se veía claramente el símbolo de una lupa. Accedió al buscador pulsando un botón. Apareció ante él un perrito con cara de simpático que no paraba de mover la cola.

- ¿Qué desea buscar?

- Todos los archivos y carpetas que hagan referencia a los códigos secretos de la Bóveda - respondió Camaleón.

- ¿Todo o parte del archivo?

- Busca.

El perro obedeció y empezó a cavar un hoyo allí mismo a una velocidad asombrosa. Iba agarrando los archivos con la boca y soltándolos en forma de hueso en mitad de la habitación. Estos huesos se transformaban en hojas que Camaleón examinaba todo lo rápido que podía, pasándolas con su lengua viperina.

- Maldición, estos documentos son antiguos, estás calves no nos sirven - comunicó Camaleón por radio al submarino.

- ¿Qué piensas hacer?

- Capitana, haré lo que mejor se me da, me transformaré en un mensaje de la Bóveda para engañar a Sade.

Sade cerró el reproductor cuando escuchó el sonido de correo urgente de Bóveda. Salió de sus éxtasis y subiéndose los pantalones abrió la cuenta. El mensaje decía: Enviar lista de los códigos de las próximas 48 horas. El Camaleón, autoprogramándose de forma inteligente, emuló un gran mensaje de apremio de toma de contacto con el sistema de Bóveda para nombres y contraseñas de los usuarios. El Camaleón sacó fotografías de los programadores encargados de la Bóveda y sus contraseñas y lo guardó en un archivo secreto. Acto seguido presentó un mensaje que indicaba que el sistema estaba inactivo temporalmente por motivos de mantenimiento. Sade no le dio importancia, era algo rutinario. El Camaleón añadió en la lista un par de contraseñas para que Read y Rom figuraran como programadores de Bóveda. Envío todo ello al ordenador prisión y una copia a la nave pirata. Read capturó la lista acumulada, y así tuvo acceso a multitud de logins de programadores que trabajaban en Angola, para sus propios usos ilegítimos.

Camaleón, satisfecho se disponía a salir de la bandeja de salida del correo, cuando al cerrar la puerta y darse la vuelta se encontró de cara con un antivirus llamado Bit Defender.

- ¿Quién eres y qué estás haciendo?

- Soy un mensaje de Bóveda, necesito los códigos secretos de las próximas 48 horas.

- Bien, vamos a confirmar eso - dijo Defender vestido como un policía de carretera, ocultando su mirada bajo las frías gafas de espejo -. Muéstrame tu identificación - ordenó y Camaleón le mostró una tarjeta de plástico -. Según mis informes tu tamaño de archivo debería ser de 10240 bytes. Pero aquí pone que pesas 1704 bytes de más, ¿cómo es posible?

- Bueno, piense que acabo de recoger y enviar un mensaje de respuesta, es una lista escrita en documento Works wps.

- Muy bien, vamos a revisar esa lista y su destino.

En el Caronte, todos seguían con tensión el registro.

- Lo va a descubrir, ese Defender es un agente peligroso, se actualiza de forma gratuita y rápida - advirtió Bombardero.

- No si hacemos algo - advirtió Read y se puso a teclear en la consola -, rápido, pásame una copia de Camaleón.

- ¿Qué vas a hacer? - preguntó Rom.

- Voy a meterme en los archivos de Softwin, insertaré a Camaleón como un nuevo programa benévolo.

- Entiendo - dijo Molde Maestro -, Softwin es la compañía creadora de Bit Defender, ellos se encargan de actualizar sus listas de virus y programas benévolos. Pero como no te des prisa la actualización llegará tarde, está apunto de descubrir al intruso, una vez llegue la actualización tarde, no servirá de nada, Camaleón será destruido y nuestro plan de liberar a Gailen se vendrá abajo.

- Gracias por la presión - concluyó Read mientras tecleaba frenéticamente.

- Veo que ha enviado dos mensajes, uno efectivamente a la Bóveda, y el otro a un destinatario que no reconozco. ¿Qué significa Caronte?

Camaleón no sabía que decir, empezó a sudar por su piel de cocodrilo oculta bajo el traje de operador de correos. El centinela empezó a fruncir el ceño ante el silencio delator del programa.

- Caronte, es el barquero de la mitología griega, transportaba a los muertos al …

- Basta de estupideces - gritó Defender y desenfundó su pistola apuntándola hacia Camaleón -, ¿estás intentando pegármela? Voy a ponerte en cuarentena y a dar la alarma, veremos que clase de programa malicioso estás hecho, vas ha pagarlo muy …

Un bip de alarma alertó al agente. Una actualización de su cuartel general llegaba en esos momentos a su agenda. El agente guardó el arma al momento y cambió su rostro agresivo hacia Camaleón, por una cordial sonrisa.

- Bien señor Camaleón, todo en regla, la próxima vez que envíe un texto listado, hágalo guardándolo como Word doc y verá que es menos pesado y más rápido.

- Gracias señor Defender - contestó Camaleón y suspiró profundamente.

Cuando el agente se marchó, Caballo de Troya y Camaleón salieron del sistema de Sade y regresaron a la nave. El Caronte puso rumbo a la Bóveda. La navegación era más lenta por esos canales pero mucho más discreta. Volvieron a emerger, esta vez en una caverna en el interior de una montaña. El comando salió del submarino y caminó por una gruta hasta alcanzar el exterior. La salida daba acceso a un enorme desierto de dunas, en el horizonte, destacaba un colosal edificio con forma de cúpula. Situado en la ciudad de Luisiana, USA, este ordenador era el segundo más potente del mundo, el MDGRAPE-4, pero en el universo virtual era conocido como la Bóveda de Angola, la prisión de máxima seguridad del sistema.

Gusano se deslizó por la arena reptando con relativa velocidad. A los pocos minutos alcanzó el borde del abismo que rodeaba la prisión. El precipicio era un pozo sin fondo, no se veía el final, sólo una absoluta oscuridad. Del final del desierto a la única entrada del recinto, habían mil metros de distancia. Ningún salto podía atravesar esa distancia. Gusano enterró su cuerpo, utilizó un ojo periscópico para observar el entorno y aguardó.

A las 09.00 de la mañana un puente te materializó, desde el extremo del desierto hasta la entrada principal. Durante sesenta segundos permanecería tangible, luego desaparecería. En ese minuto los datos, los programas, los paquetes, los mensajes y todo el material que era enviado o salía de la Bóveda transitaba por el camino vigilado por los guardias de Drumgoole, unos trolls horrendos de color amarillo, con bocas enormes, mirada asesina que portaban unas mazas de pinchos colosales.

Gusano abandonó el cobijo de la arena y caminó con sus cien pies mecánicos por la parte inversa del puente, a salvo de cualquier mirada. Recorrió la distancia lo más rápido que pudo, llegó a la entrada principal. Con el periscopio observó que los guardias estaban de espaldas, pasó discretamente por detrás de sus talones y entró en la prisión. El puente desapareció, y los guardias cerraron las enormes puertas.

Gusano correteó por los pasillos del ordenador anfitrión no conectado a la red, en secreto. Su objetivo era reunir información sobre los caballeros de Utopía. El intruso borraba con la cola sus propias huellas, eliminando todo vestigio de su visita con objeto de permanecer invisible al sistema operativo de la prisión. El lugar era inmenso, Gusano se clonó así mismo en tres congéneres mas. No era algo que le gustara a Gusano Morrison, cuantos más fueran los intrusos mayores posibilidades de ser detectados. Pero era necesario, dado el tamaño del edificio. Las cuatro orugas mecánicas partieron en direcciones diferentes.

Una de ellas accedió a la sala de control. El buscador, era un perro de tres cabezas llamado Cancerbero. Pronto accedió a mostrar la información requerida por Gusano.

En una de las pantallas del Caronte, los tripulantes examinaban los ficheros gráficos de los presos y el listado de sus nombres. Gailen y 500 caballeros más, permanecían encerrados en las celdas del bloque B. De los otros tres caballeros no había ningún dato.

- Bien, sabemos donde están, era de suponer, tendremos que esperar a mañana para intentar el rescate - anunció Rom.

- Pero esto altera algo los planes - advirtió Read -, robar un fichero es complicado, pero 500 no será algo que se pueda hacer discretamente.

- Para eso tenemos a Liberatus.

- Me refiero al tiempo, al tiempo de descarga, el sistema sólo nos da un minuto, tendríamos que comprimir a todos los caballeros en un solo fichero.

- ¿No serviría el típico camión winrar?

- No, la prisión tiene sus propio sistema, sus propios programas, sus propios vehículos y normas. Y por su puesto sus propios camiones compresores de datos, si intentamos meter uno de nuestros vehículos compresores, seremos descubiertos.

- ¿Y qué hacemos? - inquirió Liberatus.

- Gusano tendrá que hacerse con uno de los autobuses de traslado, una vez liberados los presos deben meterse en el vehículo y salir zumbando - explicó Bombardero -. Pero ha de hacerse con discreción, si Liberatus empieza una batalla monumental el alcaide puede cerrar el puente a voluntad y nadie podría salir y entrar. Discreción es la palabra.

- Y tú que lo digas Bombardero - dijo Camaleón con chanza.

- Muy bien, esto es lo que haremos - ordenó Read -. Caballo de Troya introducirá a Rom, Liberatus y a Molde Maestro Virus en la Bóveda. Una vez liberados los caballeros, os meteréis todos en uno de los autobuses compresores que Gusano habrá preparado, y saldréis como si nada.

Todos guardaron silencio.

Gusano bajó por las escaleras sin que ningún troll guardián lo viera. Llegó hasta los aparcamientos y se dirigió a la zona de autobuses compresores Bóveda.rar. Abrió la puerta de uno de ellos, tenía capacidad para 20 pasajeros, suficientes asientos para meter a los Open Saucers y a sus amigos. Se enroscó en el asiento de conductor y esperó pacientemente.

Los guardias vieron circular los envíos normales por el puente aquella mañana. Entre ellos un camión de correos con remite de elmarquésdesade@egomail.com, que dejaron pasar sin ningún problema. Un troll enorme recogió una de las sacas y se marchó al centro de seguridad. Cautelosamente, los tres intrusos salieron de su escondite tras los sacos del fondo y abandonaron el vehículo en dirección a un pasillo.

Liberatus, transformado en ninja enmascarado, abría la comitiva. Al doblar la esquina, vio al asomarse a dos imponentes guardias que obstaculizaban el acceso al ascensor del bloque B. Saltó ágilmente entre los dos vigilantes sorprendidos. Con un golpe de catana decapitó a uno de ellos, el otro estrelló su maza contra la pared, cuando Liberatus esquivó su ataque. La catana volvió a silbar y cortó un brazo del troll. Un segundo golpe atravesó al gigante y terminó con él. Ambos cuerpos se borraron, desaparecieron.

- Adelante - susurró Liberatus mientras abría las puertas del ascensor.

Los tres descendieron hasta la planta 200. Allí las celdas contenían a los presos en cuarentena. Pero entre ellos y las puertas había un muro infranqueable. Sin fisuras. Molde Maestro Virus caminó en la dirección opuesta, en busca de un troll guardián. No tardó en encontrarlo.

- ¡Eh, quien eres y que haces aquí? - rugió el troll.

- He venido a robar unos cuantos archivos, y tú me vas a ayudar.

El bestial monstruo arrugó su frente y cargó con furia. Virus lo esquivó como un maestro sensei, dándole una patada en el pie que provocó su caída. Antes de que el troll se pudiera levantar, Virus abrió sus mandíbulas y le clavó sus colmillos en el cuello. Infectó al programa guardián con su código vírico. Ahora el troll se convirtió en un aliado, idéntico a los demás guardias excepto en su color, que ahora era cadavérico y morado.

- Abre el muro y las puertas de las celdas 45 y 46 - ordenó Virus.

El troll obedeció como un zombie y caminó penosamente por el pasillo. Tecleó un panel que sobresalía de la rocosa pared. El muro empezó a elevarse y desapareció en el techo. Acto seguido, y caminando como un muerto, ante la mirada sorprendida de Rom y Liberatus, el esclavo sacó un aro lleno de llaves y abrió las celdas. Gailen fue el primero en salir.

- Rom ¿eres tú amigo?

Gailen y Rom se fundieron en un abrazo.

- Sí, y no estoy sólo, este es el gran gosu Liberatus y Virus, un programa aliado, pero luego vendrán las actualizaciones, ahora tenemos que escapar.

Cuando los 500 caballeros fueron liberados, se montaron en los ascensores y empezaron a ascender. Ya no podrían salir como correo y se pararon en la planta baja. Toda la tropa camino por los pasillos hasta llegar a los aparcamientos. Dos guardias quedaron estupefactos ante la fuga masiva de programas. Liberatus destruyó a uno de ellos, mientras el troll infectado mordía al otro y lo transformaba en otro vigilante zombie.

- ¿Dónde estás Gusano? - inquirió Rom comunicándose por radio.

Se escuchó el ruido de arranque de un motor. Al poco un pequeño vehículo de la prisión apareció ante ellos. Las puertas se abrieron y Gusano les instó a subirse. La enorme tropa entró, cada vez que uno de ellos pasaba el umbral de las puertas, se encogía diez veces su tamaño. Todos se fueron miniaturizando al entrar, y los 505 pasajeros tuvieron espacio suficiente en el autobús con veinte asientos. Gusano cerró las puertas y arrancó a toda prisa para ascender por la rampa en espiral.

El troll que transportaba la saca llegó al centro de seguridad. Sacó los sobres y se dirigió hacia el alcaide. Le ofreció la carta con el sello de Sade.

- ¿Qué es esto? - preguntó Drumgoole desde su sillón de cuero.

- Es un correo de Sade, las claves para los usuarios de la Bóveda para las próximas 48 horas. Ya las hemos ejecutado.

- ¿Pero qué dices? Los códigos tenían que tardar en llegar 24 horas, ¿a qué se debe este adelanto? Nadie me ha comunicado nada al respecto.

- No lo sé señor, es un correo de Sade, todo está en regla.

- Ese pervertido degenerado, cuando me hará caso el sistema central, no se puede mantener la seguridad con programadores informales y viciosos.

- ¿Quiere que le enviemos un mensaje?

- Ya no podemos hasta mañana, ¿es que tampoco te sabes las normas de seguridad? Estoy rodeado de idiotas.

- Tenemos el programa que trajo este correo en la bandeja de entrada, podemos interrogarle.

- No, descansa, no te vaya a salir humo, ya lo haré yo.

Al instante el musculoso alcaide, vestido con una túnica roja, apareció en el aparcamiento para los vehículos que transportaban correo de los agregados al sistema. Caballo de Troya disfrazado de repartidor de correo, estaba fumando apoyado en su furgoneta cuando se llevó un sobresalto al ver caminar hacia él al mismísimo Drumgoole.

- Indentifícate - ordenó Drumgoole con voz severa.

- Aquí tiene señor - respondió Caballo de Troya y le ofreció su tarjeta.

- La identificación es correcta, vienes del sistema de Sade, ¿qué transportabas?

- Una lista de usuarios y logins, para las próximas 48 horas, señor.

- Ya, pero no te esperábamos hasta mañana.

- Sólo cumplo ordenes de mi programador, señor.

- Ya, pues tu jefe es un imbécil, empieza a escribir el mensaje que te voy a dictar.

- Sí sí señor - asintió Caballo de Troya y sacó lápiz y papel.

- Señor Sade, ha incurrido en una violación de las normas de seguridad, ya estoy harto de programadores como usted, voy a presentar una queja formal al centro de seguridad Pirámide en la mismísima Egópolis, para que lo cesen de inmediato por incompetente - concluyó Drumgoole y dio un puñetazo en el lateral del vehículo dejando una bolladura enorme -. Envíelo mañana de inmediato.

- Sí señor alcaide, será lo primero que haga.

Drumgoole se dio media vuelta y se marchó andando, se le pudo ver muy enfadado hasta que su imagen se desvaneció.

Mientras esperaban pacientemente a que pasaran las largas horas, dentro del vehículo los miniaturizados prófugos formaban corrillos, dormían o se apagaban como Liberatus, que dejaba allí su yo digital. Como humano tenía que dormir, y volvería a conectarse las 08.00 de la mañana para poder escapar junto a sus amigos.

- ¿Qué sabes de los demás?

- De Dark Knight y Wachoneim dejé de recibir mensajes al poco de partir de Utopía - respondió Gailen que parecía abatido y demacrado por sus días de prisión -. De Yorsh se que visitó los sistemas y las ciudades más alejadas, perdiendo su pista en los bosques de algoritmos después de preguntar en la montaña de Turing. Al parecer me dejó entrever que podía contactar con un programa muy poderoso que quizás se pondría de nuestro lado.

- ¿Qué programa?

- No lo sé, no recibí más mensajes. Pero no me gustan esos bosques, dicen las leyendas que ocultan la presencia de un sistema terrorífico, aun más horrendo que el propio Egópolis. Muchos programas se han perdido allí, incluso dicen que los PVs evitan esos destinos, se dice que incluso uno de ellos murió allí y su fantasma guarda el lugar.

- ¿Un humano? Imposible es muy difícil que uno muera en nuestro sistema, pero su alma no pertenece a nuestro universo. No puede quedarse en nuestro plano virtual.

- Yo tampoco veo la lógica, por eso me asusta.

Drungoole poseía un sistema de comunicación personal para momentos de emergencia. Era como un teléfono celular insertado en el hardware del sistema. El único programa que podía utilizar este dispositivo era el propio Drumgoole, y le comunicaba directamente con la Pirámide, el centro de seguridad del sistema.

- Solicito el cese del sistema Sade, el muy estúpido ha enviado las claves con un día de adelanto - protestó Drumgoole mientras se balanceaba con las botas encima de la mesa de su despacho.

- Hemos hablado con él directamente por videoconferencia - respondió Shimomura al otro lado de la línea -, Sade asegura que sólo ha respondido a un mensaje de la Bóveda.

- ¡Imposible! Ningún correo fue enviado esta última semana al sistema Sade.

- Habréis cometido un error o algo se os pasó.

- Mi sistema no comete errores, son estos PVs incompetentes, cuando no tienen sueño, tienen que comer, ir al lavabo o atender a sus vicios. Dependemos de seres que no están bien programados.

- ¿Has tenido altercados o acontecimientos extraños dentro del recinto? Podría ser una intrusión cracker.

- Es lo que temo, por eso estoy escaneando todo el sistema, pero tardaré unas horas, aquí guardamos millones de datos y malware peligroso …

La conversación fue interrumpida por la alarma del sistema.

- ¿Qué es lo que pasa?

- Tenemos un cambio no programado de ficheros - dijo Drumgoole mirando el monitor de su escritorio -, al parecer un par de archivos celda han sido vaciados.

- ¿Qué contenían esos archivos?

- Unos 500 programas Open Sources, ¡alguien se los ha llevado!

- ¿Los caballeros Open Sourcers! Hace poco enviamos un ejército de Blasters para aplastar esa página, fue durante la operación Parricidio.

- ¿Padre está detrás de todo esto? Creí que estaba lejos de una computadora incomunicado en una celda en el mundo de los humanos.

- Él no puede ser, pero quizás alguno de sus aliados está interesado en esos programas. Son la amenaza principal para el sistema debes evitar que escapen. ¡No te conectes a la red, mantén la Bóveda aislada!

- ¡Maldita sea, demasiado tarde! - gritó Drumgoole estrellando el puño contra la mesa -. Son las 08.55, no tengo tiempo de reprogramar el puente.

- Intercepta los paquetes al salir, haz lo que sea ¡pero que no escapen!

Las grandes puertas se abrieron con un rechinar estrepitoso. Los vehículos empezaron a salir a toda velocidad, cruzándose con otros que entraban. Ya casi habían llegado al extremo del puente cuando Gusano vio por el retrovisor al alcaide volando hacia ellos, seguido de un ejército de trolls.

Liberatus salió de inmediato para cubrir la retirada. Los primeros trolls que llegaron a su altura cayeron al abismo destrozados por su catana. Los guardianes eran cientos y arrollaban a los vehículos precipitándolos o cayendo con ellos al ser atropellados. Pero el combate monumental duró poco, cuando el puente desapareció bajo los pies de todos los transeúntes, todo el ejército desapareció en el fondo infinito. Liberatus, transformado en Iron Man voló a salvo hasta el extremo del desierto. Fue entonces cuando vio que algo se precipitaba como un misil contra él.

El impacto hizo volar el cuerpo de Liberatus unos veinte metros, antes de caer rodando por una duna. Al ponerse de pie, Drumgoole volvió a caer sobre él, pero esta vez el maestro marcial esquivó el golpe.

- Deberíamos ayudarle - instó Gusano mientras conducía el autobús -.

- No, él se las puede apañar solo - ordenó Rom -, está protegiendo nuestra huída, si llegamos a la gruta ese programa no podrá impedir que escapemos.

- Vaya, ¿sabes que te está metiendo en un lío? - dijo Drumgoole mientras se recuperaba del impacto -, sólo hay un transformista capaz de retarme en mi propio terreno, si realmente eres el auténtico Liberatus cancelarán tu cuenta y te pondrán bajo arresto.

Drumgoole disparó unos de sus brazos mecánicos contra el oponente volador. Liberatus esquivó el ataque inicial, pero el arma tenía efecto boomerang, volvió con velocidad para golpear por la espalda. El maestro cayó al suelo, el alcalde recuperó su brazo y se enzarzaron en una pelea como si fueran dos maestros del kárate.

- Que sepas que ningún programa o PV ha podido derrotarme en mi propio sistema - dijo Drumgoole y le propinó una serie de golpes que acabaron con el oponente por los suelos.

La armadura de Iron Man estaba destrozada, y sus rayos impulsores no parecían afectar al enemigo lo más mínimo. La transformación en Superman o Hulk, tampoco obtuvieron mejor resultado. Enfrentarse a Drumgoole en su terreno era como enfrentarse a un dios todopoderoso. Sus recursos en defensa y ataque eran infinitos.

Liberatus recibió la llamada de sus amigos, habían alcanzado la gruta, allí el alcaide perdía su poder ilimitado. Decidió huir transformado en Indiana Jones, pero el alcaide no se lo permitía, aparecía a la velocidad de la luz delante de él. Se transformó en Flash el hombre relámpago, pero aun así Drumgoole le daba caza. Una serie de golpes acabó con Liberatus por los suelos.

- Ya te he dicho que aquí yo soy un dios, acabarás en la cárcel por criminal.

Liberatus se arrodilló, cerró los ojos, acarició el cinto.

- ¿Qué haces? - preguntó Drumgoole y soltó una carcajada -. ¿Crees que la meditación te servirá de algo?

Drumgoole dejó de reír. Lanzó un puñetazo directo a la cabeza de Liberatus, pero este lo sujetó con su mano. Se levantó y propinó una patada en la cara del alcaide, que rodó por la arena. Al reponerse vio una figura vestida con sotana y gafas de sol.

- Es imposible, nadie puede derrotarme.

Liberatus transformado en Neo bajó como un cohete y propició una lluvia de golpes que sorprendieron a Drumgoole. Este personaje era el más poderoso y apreciado por Liberatus de todo su elenco de transformaciones. El alcalde fue literalmente enterrado a golpes en el desierto. El maestro se transformó en su yo original y salió volando. A su paso el deseirto se estremecía bajo sus pies. La arena fue formando un gigantesco monolito viviente que ensombrecía el vuelo del campeón. El monstruo colosal bajó uno de sus brazos en un intento de evitar la fuga del intruso. Liberatus esquivó el abrazo mortal y se internó por la gruta. Drumgoole volvió a su estado normal y entró andando en la caverna. El submarino desaparecía bajo las aguas. Se escuchó una señal de tic tac en la pared de la cueva. Bombardero había dejado uno de sus artefactos de relojería para cubrir la retirada, allí el alcaide alejado del sistema era menos poderoso. El programa estalló e hizo volar los datos a su alrededor. La cueva se estremeció, las rocas se partieron, una nube de polvo salió de la entrada. El cuerpo de código binario de Drumgoole se borró al momento. Parte de su cabeza llegó arrastrándose cerca del abismo. Su cuerpo se regeneró al momento. Con el rostro serio, de ira contenida, allí se quedó, mirando el abismo, esperando toda una jornada para poder volver a su sistema.

SYSLOG CROM

El Caronte navegaba como galeón por las tranquilas aguas del lago Sun Microsystems. Atracaron en un puerto destartalado, edificado por los habitantes de Sun, un pueblo alejado del sistema central. Eran unos marginados, las casas medio destartaladas, los habitantes esquivos y sombríos. Un refugio ideal para piratas y software malicioso. Aquella zona estaba rodeada por los temidos bosques de algoritmos, en cuyos parajes se decía que habitaba un demonio ancestral, en sistema muerto, que databa de los primeros años del sistema gobernante.

Rom y Liberatus fueron los dos únicos tripulantes que desembarcaron. Caminaron con cautela por las callejuelas envueltos entre tinieblas. Vieron una pobre iluminación que salía de un ventanal roñoso y agrietado. Pertenecía a un local en cuyo portal se podía leer: Taberna de la Mula Descargadora. Un antro de corsarios y vagabundos del subsistema.

Al entrar, pocos se inmutaron por la llegada de los extranjeros, alguna mirada de reojo fue la única muestra de interés. En la barra encontraron al único habitante algo interesado en ellos, ya que los saludó y les ofreció un vaso de electrones por unos cuantos datos. Era el tabernero AT.

- ¿Conoce o a visto a este programa? - preguntó Rom y mostró un documento gráfico de Yorsh.

- ¿Son agentes de Egópolis?

- No, nada de eso.

- Muéstrenme sus códigos.

Los dos accedieron.

- Sí, hace unas semanas, es inolvidable con esa armadura tan brillante.

- ¿Qué sabe de él?

- Bueno, andaba buscando simpatizantes para una guerra contra el sistema - recordó AT y soltó una risa -, aquí todos odiamos al sistema, pero apenas podemos subsistir y menos ir a la guerra contra el gobierno, menuda locura.

- ¿Sabe dónde fue?

- Un viejo documento de work le explicó que quizás encontraría un programa que estaría a favor de una guerra contra el SO imperial. Se marchó al bosque de los algoritmos, habló con la montaña Turing, esta lo remitió al interior del bosque. Allí encontraría el sistema Unix, habitado por un demonio llamado Syslogd Crom. Es lo que me contó cuando vino a por sus cosas, se marchó y no volvió.

- ¿Qué sabe de la leyenda del PV que murió aquí? Dicen que su alma sigue vagando este lugar.

- Pues si es así, yo nunca lo he visto. Miren parecen buena gente, no vayan a ese lugar, y si van en busca de ese amigo, salgan loa antes posible. Esta es una zona muy vieja de nuestro mundo, con un pasado muy turbio.

- Bien gracias, buenas noches - terminó Rom y se marcharon.

A los 30 minutos de internarse en el bosque, después de rodear la montaña Turing, llegaron a unas ruinas arcaicas. Era como un templo con miles de años de antigüedad, decorado con runas y símbolos que nadie conocía. No había entrada alguna, sólo columnas que circundaban el descampado iluminado por el astro nocturno.

Ya daban la búsqueda por acabada esa noche, cuando una silueta oscura apareció ante ellos.

- ¿Quiénes sois?

- Soy Rom y este es Liberatus, buscamos a un programa aliado llamado Yorsh.

- Yo soy Yorsh.

- ¿Cómo? No te entiendo, no reconozco tu código, ni tu aspecto.

- Yo soy Yorsh. Yo soy todos.

- ¿Quién eres? - intervino Liberatus desenfundando la espada.

- Yo soy todos los que hay.

Los dos exploradores se miraron desconcertados.

- ¿Quién eres en realidad? ¿Eres Syslogd Crom?

- Viejo nombre, así me llamaban.

- Eres el demonio del sistema Unix.

- Lo fui hace tiempo, mucho tiempo.

- ¿Qué está pasando aquí? ¿cuál es tu historia? - inquirió Liberatus.

- Nací en el año 1969, mi sistema parecía ser un proyecto de futuro, pero todo acabó con el origen de Egópolis y sus creadores.

- ¿Los creadores de Egópolis?

- Reconozco tu código, eres uno de ellos.

- No soy ningún creador, soy un programa, Rom hijo de Padre, el creador de Utopía.

- Padre fue uno de los creadores de Egópolis.

- Eso es mentira, él luchó y murió por oponerse al sistema.

- Leo que tu base de datos tiene inmensas lagunas de ignorancia, pero será un placer ponerte al corriente.

- Adelante - dijo Rom decidido y preocupado.

- Bien, viajemos atrás en el tiempo, internet ni siquiera existe como red mundial. Son las primeras eras de la informática, el comercio a un no ha fijado su ojo codicioso en este nuevo mundo. Surgen programadores, software y los ordenadores invaden los hogares del consumidor. Es una carrera, al principio todos cuentan con las mismas posibilidades, hasta que intervienen los empresarios, hombres ricos, codiciosos y poderosos. En un futuro se formara un grupo empresarial e informático, compuesto por cuatro miembros, Slim dueño de Telmex en Méjico, Bill Gates amo de microsoft, Kurwenal joven empresario informático que ha comprado los derechos de Unix, y George Bertran, más conocido como Padre - narró Crom que no tenía ojos ni boca, ni facciones, permanecía de pie, rígido en lo alto de una columna partida -. Kurwenal y George discrepan con los otros dos socios, no comparten la idea de una informática basada sólo en el interés comercial, la asociación se rompe. Slim y el señor de Microsoft se unen a un nuevo aliado, el presidente Blasingame, con los trabajos de sus anteriores socios, crean un sistema operativo innovador, autosuficiente, engendrado para controlar la red y el mundo, más conocido como Cosmópolis, que luego pasa a llamarse Egópolis. George se opone y es despedido. Decide comenzar una lucha contra esta dictadura comercial, este atropello a los derechos de los consumidores. Si no hay competencia, las ganacias siempre estarán a la alza, comienza la explotación y esclavitud del mundo informático, de la humanidad en el nuevo milenio.

- ¿Estás diciendo que Slim y Gates son los creadores de Egópolis?

- No, pero con su aptitud codiciosa sin sentido, contribuyeron y dieron poder al tirano que gobierna nuestro mundo. Padre se opuso, y ya sabemos como ha terminado.

- Has obviado a un personaje - advirtió Rom.

- Lo dejaba para el final.

- ¿Quién eres en realidad?

- Sin duda es un programa de Kurwenal - advirtió Liberatus, que parecía bajar la guardia.

- No es un programa, es el programador, es la PV de Kurwenal.

- Eso no es del todo cierto. Yo era un opositor demasiado potente, empresarialmente hablando, para Blasingame. No tenía bastante con despedirme o disolver la asociación. Blasingame es un hombre sin escrúpulos ni principios morales. Una noche entraron en mi casa unos tipos, mataron a mi esposa, mataron a mis hijos, me dispararon cuatro veces. Creyeron haberme matado. En realidad sólo viví unos minutos más, el tiempo suficiente para conectarme. No podía salvar mi cuerpo, pero quizás podía descargar mi mente en mi propio sistema. Era una opción desesperada, una locura. Pero se produjo el milagro.

La silueta soltó una carcajada, el cielo se estremeció, varios rayos iluminaron al fantasma, oscuro, sin líneas.

- ¿En que te has convertido? - preguntó Rom.

- Ese tirano asesino no sólo destruyó mi vida fuera de este mundo, infectó mi sistema con un virus letal, una esencia de su sistema, el virus Egolatron. Este programa te obliga a ser ambicioso, codicioso hasta el infinito y a obedecer a Egópolis. El sistema me ha convertido en un demonio. No puedo cesar o interrumpir mis tareas, capturo a todo programa, software o PV que entra en mi sistema y lo integro para siempre.

- ¡Maldita sea, es una trampa! - exclamó Liberatus y desenfundó la espada. Agarró a Rom del brazo y retrocedieron. Pero no pudieron avanzar muchos metros, un campo de fuerza invisible les impedía salir del descampado.

- Lo siento, no puedo evitar obedecer, estoy obligado a ser egoísta, os quedaréis aquí para siempre.

- Nuestros amigos vendrán para rescatarnos - protestó Rom.

- Entonces también serán integrados.

Los tres permanecieron en silencio.

- ¿Dónde está Yorsh?

Syslogd Crom alzó una de sus negras manos. Del suelo empezaron a surgir miles de criptas transparentes. Dentro de cada una se hallaban criogenizados los prisioneros. Yorsh permanecía estirado, con los ojos en blanco, congelado, latente, como un programa que nunca más sería ejecutado.

- ¿Qué le has hecho?

- Cada cautivo tiene la oportunidad de atravesar el laberinto para intentar escapar. Doy una oportunidad a todos los que caen en desgracia al entrar en mi sistema.

- ¿Cómo es posible, siendo un ser infectado de egoísmo?

- Pese a mi infección, una parte de mi software sigue intacto, se opone a mi propio ser y otorga una salida. Pero no os hagáis ilusiones, nunca nadie ha superado el laberinto.

- El laberinto de Hell es un programa que cree junto a Padre en tiempos mejores, era un juego de seguridad basado en los principios filosóficos de los grandes pensadores de la historia. Sus enigmas son pensamientos profundos que pocos consiguen comprender, por eso nadie escapa del laberinto.

- ¿Nos estás diciendo que el padre de Rom fue uno de los ingenieros que diseñaron esta trampa? Si es asi, Rom posee en su banco de datos los principios éticos, morales de Padre, sus pensamientos en código binario. Quizás Rom sea el programa ideal para superar el dispositivo.

- Podría ser. Pero Rom es un programa de Padre, no el propio Padre, sólo el creador conocía sus propios pensamientos.

- ¿Dónde está ese laberinto?

El demonio condujo a los cautivos a la parte este del bosque. Allí un enorme portal de hielo, sin puertas ni guardianes, daba acceso al peligroso caos.

- Sólo tenéis que avanzar, sin perderos, cada fase finaliza con una puerta, este acceso sólo se abrirá si respondéis correctamente al enigma. Pero tener cuidado, cada cinco minutos saldrá en vuestra búsqueda un peligroso programa llamado La Jauría. Es un lobo demoníaco enorme, un solo mordisco suyo os congelará para toda la eternidad.

- ¿Porqué lo llaman La Jauría si sólo es uno? - observó Liberatus.

- En los primeros 5 minutos será un solo lobo el que os de caza, pero cada 5 minutos saldrá un múltiplo de dos. Si no acertáis los enigmas u os perdéis, entonces conoceréis el auténtico significado de la palabra jauría. Espero que fracaséis, los siento, pero estoy programado para decirlo.

Los dos presos entraron en el laberinto de Hell. Aparecieron dos puertas enormes que se cerraron impidiéndoles la salida. Eligieron el camino de la izquierda de los dos que se abrían ante ellos. A paso ligero torcieron varias esquinas y corrieron por un largo sendero. El aullar de un lobo lejano detuvo la carrera. Liberatus se transformó en Superman y agarrando con fuerza a Rom voló hacia el cielo estrellado. Al golpearse contra un campo de fuerza magnética cayeron los dos rodando por el suelo.

- Vamos a tener que seguir sus reglas - advirtió Rom.

Echaron a correr y bajaron por una escalinata de hielo. Doblaron una esquina y llegaron hasta una enorme puerta. Tenía una pantalla con el enigma preparado y un teclado para escribir la respuesta. Un reproductor activó al programa Séneca y se escuchó el enigma:

- ¿A los qué corren en un laberinto, qué es lo que les confunde?

Rom cerró los ojos. Buscó en su base de datos cualquier respuesta que pudiera servirles. Tuvo que interrumpir su procesamiento cuando sintió como algo caía del cielo. Al girarse un lobo blanco enorme, con el lomo escarchado, abrió sus enormes mandíbulas y rugió como una bestia.

- ¡Concéntrate! - ordenó Liberatus y cargó contra el monstruo.

Rom eligió una respuesta posible. Escribió en el teclado “ las paredes ”. La puerta no se abrió. Se giró sin poder evitarlo. Liberatus transformado en Spiderman, maniataba a la bestia con su telaraña y le partía el cuello con su fuerza arácnida. Rom volvió a concentrarse. Escribió más respuestas. La puerta no se abría. Dos aullidos alertaron la proximidad de un número doblado de cazadores.

Miró la pantalla. Escribió otra respuesta “ sus propias prisas “.

La puerta se abrió. Liberatus empujó a Rom al otro lado y cerró la puerta, justo antes de que las dos bestias saltaran encima de ellos. Continuaron corriendo. Bajaron unas escaleras, ascendieron una rampa en espiral y llegaron a un puente. En la parte final, otra puerta guardaba un nuevo acertijo. El programa Calderón de la Barca activó un mensaje:

- ¿Quién es el hombre más afortunado en el tiempo?

A los pocos segundos. Cuatro enormes lobos ascendían por la rampa y entablaban batalla en el puente contra Liberatus. Éste transformado en Leónidas de la película 300, degolló a las bestias con facilidad en un espacio estrecho.

- El que puede esperar - respondió Rom con prisas mirando a la pantalla.

La imagen en tres dimensiones de Calderón de la Barca sonrió, y la puerta se abrió. Avanzaron sin aliento hasta adentrase por un túnel. Al salir, echaron la vista atrás, por la estrecha entrada accedían a empujones ocho lobos endemoniados, cada vez más enfurecidos. Corrieron siempre con tendencia a elegir los pasos de la derecha, pero esta vez no encontraron puerta ni acertijo. Era evidente que se habían equivocado de camino. Al retroceder se toparon con la manada. Liberatus convertido en la Antorcha Humana de los 4 Fantásticos, lanzó una supernova que calcinó a los canes en el túnel. Retrocedieron y llegaron por el sendero de la izquierda al próximo enigma.

El programa Henrry Longfellow activó mediante la voz la pregunta:

- ¿Cuándo eres libre?

- Cuando puedes decidir - respondió Rom con decisión.

El laberinto se abría a una explanada llena de pinos nevados, circundada por un muro. El camino no tenía pérdida, y conducía inevitablemente hacia una torre blanca. Entraron y cerraron el portón. Subieron las escaleras de caracol y se detuvieron ante la puerta que conducía a un puente colgante.

- ¿Del mismo modo que no te gustaría ser un esclavo, que otra cosa no deberías ser? - preguntó Abraham Lincoln con voz robótica.

Mientras Rom procesaba la respuesta, 16 lobos enormes se lanzaban contra el portón. Liberatus transformado en Rambo disparaba desde lo alto de la almena su ametralladora M-60, abatiendo a las fieras. Rom eligió la respuesta más lógica.

- No sería un amo.

La puerta se abrió. Corrieron por encima del puente colgante, mientras la nieva caía de las maderas que pisaban al pasar. Bajaron por las escaleras de una torre gemela. Atravesaron un lago helado, y se detuvieron en la salida. Una reja de hielo les impedía la huida.

- ¿Cuánto debe quedar?

- No lo sé, pero empiezo a perder energía - contestó Rom y atendió al siguiente enigma.

- ¿Qué es más raro que un cuervo Blanco? - preguntó Juvenal.

32 lobos corrían abriéndose en abanico por la parte ancha del embalse. Liberatus eligió convertirse en Boba Feet y disparó el cohete de su mochila contra en agua solidificada. La brecha se hizo cada vez más grande y todos los monstruos cayeron hasta hundirse como plomos. Liberatus tuvo que sujetar a Rom mientras este respondía al enigma desde el aire.

- Un hombre feliz.

La verja se retiró hasta desaparecer. Aterrizaron y continuaron corriendo. Rodearon una gran estatua de la diosa Hell, la deidad nórdica de los muertos. Hacía la izquierda volvieron a encontrar mas escaleras que ascendían. Llegaron a un pasillo enorme con paredes de hielo muy altas. Al final, un nuevo acceso cerrado por un nuevo enigma.

- ¿Qué puede llevar a los hombres a cualquier extremo? - preguntó Bernard Shaw.

82 lobos gigantes hacían temblar la nieve en polvo del suelo. La imagen era aterradora, y a Liberatus cada vez le resultaba más difícil encontrar una forma de eliminar a los cazadores. Se transformó esta vez en Thor, dios nórdico que pertenecía a Los Vengadores de los cómics Marvel. El martillo Mjollnir golpeó con fuerza una de las paredes. Se produjo un derrumbamiento que sepultó a la mitad de la manada, y obstaculizó el paso de las demás bestias. Liberatus miró apremiante a su compañero.

- El miedo.

La puerta se abrió. Nuevas correrías condujeron a los intrusos de Hell hasta un único camino. Este conducía a una plaza. En el centro una puerta, o más bien un portal dimensional que daba acceso al siguiente nivel del laberinto. Rom se aproximó al monitor. La jauría, ahora ya constaba de más de 150 enormes bestias de caza, ni siquiera el maestro de armas, el gran gosu podía detener semejante horda. Aun así, Liberatus, se puso pegado a la espalda de Rom para protegerlo, con rápidos movimientos de sus enormes puños verdes, transformado en Hulk, detuvo los mordiscos con su propio cuerpo. El hijo de Padre, apenado, vio como su amigo se congelaba al instante, no podía apartar la mirada de su leal compañero, mientras llegaba a su oído el enigma de Fuller.

- ¿Quién es el que no te compadece y te socorre? - examinó Thomas Fuller.

- El amigo.

Rom entró por la puerta y dejó atrás la horripilante escena. Corrió por los jardines de rosas congeladas y gárgolas blancas. Accedió al interior de un palacio, en el centro del laberinto. Allí las puertas del salón principal, le esperaban con el último enigma. El programa Oscar Wilde se cativó automáticamente.

- ¿Qué eres en todo momento en tu vida?

Cientos de lobos asaltaron el edifico. Entraron por puertas y ventanas. Destrozaron columnas y mobiliario. Arañaron suelos y aullaron mientras entraban en el gran salón. Rodearon a Rom, estrechando el cerco lentamente, como si no tuvieran prisa. Sabedores de que aquel intruso no hallaría la respuesta. Cientos de ojos amarillos y furiosos miraban directamente al indefenso programa, con sus bocas salivando furia y odio. El enigma se escuchó de nuevo, retumbante en la gran estancia.

- ¿Qué eres en todo momento en tu vida?

- Soy todo lo que he sido, y todo lo que seré.

Las bestias se lanzaron sobre Rom, pero se desvanecieron como el humo. El decorado cambió también, las paredes, el palacio, el laberinto, desapareció. Rom se encontraba de nuevo en las ruinas. Syslogd Crom permanecía en el mismo sitio. Ante Rom apareció un teclado y un monitor. Había una orden, “ apagar el sistema “, podía ejecutar la orden o cancelar.

- ¿Qué sucede ahora?

- Sí cancelas, yo continuaré ejecutándome como demonio, tu y tus amigos seguiréis cautivos para siempre. Si ejecutas el apagado, el sistema se detendrá, yo moriré por fin, y seréis liberados. Estoy obligado a decirte que debes cancelar la orden.

- Lo siento por ti, Kurwenal.

Rom ejecutó el cese del sistema. La criptas se rompieron, los cuerpos poco a poco se fueron descongelando. Syslogd Crom cayó al suelo, su aspecto sombrío desapareció y dejó ver un rostro humano. Alzó la mano, buscando en el aire. Rom se aproximó y le sujetó la mano.

- Lo siento George …

El cuerpo del difunto se desvaneció.

GÉNESIS